lunes, marzo 12, 2007

El Aramo y la Mina

Riosa es un territorio de montaña que se enfrenta a la búsqueda de futuro tras el dilatado ciclo de la minería. LNE. Fermín RODRÍGUEZ / Rafael MENÉNDEZ

El paisaje se fija en la retina por el impresionante contrafuerte oeste de la sierra del Aramo. Pocos espacios llanos hay en las vegas labradas por el río Riosa y sus afluentes. Fuertes pendientes y aguas abundantes que dan nombre al concejo y suministro a Oviedo. Los espacios llanos se amplían en las cumbres, sobre la plataforma cimera caliza del Aramo y sus pastizales, que comparte con Morcín y Quirós, y sobre los cordales: vía Pará, cordal de La Segá y Llosorio. En poca distancia se pasa de los 300 metros del fondo de valle a los 1.712 del Gamonal, que domina los pastizales de l'Angliru y ofrece una impresionante panorámica del centro de Asturias.

Riosa está unido a la minería desde la más remota antigüedad, como atestiguan las minas de cobre del Aramo. La explotación hullera local se acompasó a las vicisitudes de la industrialización asturiana. El carbón de Riosa surtió a la Fábrica de Armas de Trubia, con la que le unía el tortuoso camino de carros que bordeaba el Aramo, más tarde su nombre se une al de Ensidesa y hoy continúa en el pozo Montsacro, situado en Morcín, pero muy próximo al límite municipal, que aún constituye el principal centro de actividad económica y empleo de Riosa, y también de Morcín, aunque las estadísticas asignen sus datos de producción y empleo al concejo vecino.

Al norte del pozo se extiende el poblamiento minero de La Foz de Morcín. Al sur, el de Riosa, conformado por antiguos pueblos y aldeas: Las Agüeras, Prunadiella, La Vega, La Marina, La Puente Alta, cosidos por las barriadas mineras: L'Ará y Nixeres. Juntos conforman hoy un único centro urbano, de residencia minera y servicios locales, de pequeñas dimensiones, pues se acerca a los 2.000 habitantes y se le conoce con el nombre genérico del concejo, Riosa, o con el de La Vega Riosa.

Como sucede en otros pequeños núcleos mineros (La Foz, Turón, Figaredo, Santa Cruz de MieresÉ) aún no tiene reconocimiento oficial en el nomenclátor de entidades de población, circunstancia que debería solventarse. De sus componentes casi todos pierden población, en particular las barriadas mineras que llegaron a albergar hace 20 años a más de 1.500 habitantes. Sólo La Vega y La Puente Alta muestran dinamismo.

La población, especializada en la minería, no crece. Continúa el lento declive tras la inmigración de los años cincuenta-sesenta y la posterior caída de población a partir de los setenta. Poco más de 2.000 habitantes en el concejo y concentración de la población en el núcleo central, proceso que ha despoblado caserías y pequeñas aldeas mal comunicadas, una decena en total.

El núcleo central está rodeado por el poblamiento tradicional anterior al pozo minero, que ocupa los rellanos de media ladera: Doña Juandi, Villameri, Muriellos, La Xuncar, y siguiendo los pindios valles: Llamo, Grandiella, Porció, La Vara y otros.


Todas las aldeas tienen menos de cien habitantes y sólo la antigua capital Felguera alcanza aún el centenar, aunque su tendencia indica que los perderá en breve.


¿Qué hacer con los pueblos? La teoría urbanística al uso dice que conservarlos. Pero sólo se conserva lo que está en uso. De lo contrario, conservar equivale a dejar a su suerte, condenar a la muerte lenta a los miles de pequeños pueblos y aldeas de Asturias. Y en Riosa, como en otras áreas del borde metropolitano, los pueblos podrían conformar una interesante oferta residencial, a partir de la rehabilitación y la nueva vivienda unifamiliar, adaptada a las posibilidades y dimensiones de los núcleos. Para ello hay que mejorar equipamientos y servicios, y facilitar su conexión.

La ganadería se mantiene sobre la base del aprovechamiento de los pastizales de montaña. Aguantan 185 explotaciones, 70 en actividad real y ya menos de 2.000 cabezas de vacuno para la producción de carne. El empleo minero sigue siendo dominante, más de un centenar; la construcción aporta otros 30 y el sector terciario, 150, en un concejo de baja actividad, empleo declinante, muchos jubilados de la actividad minera y ganadera, y abundantes desplazamientos a trabajar a los concejos vecinos y a Oviedo.

La continuidad del pozo Montsacro, aunque con mucho menos empleo, enmascarado en los indicadores por su localización en Morcín, ha asegurado la vitalidad y continuidad de la especialización tradicional del concejo, pero no ha permitido aún dar paso a nuevas realidades que tímidamente se atisban.


Inteligente ha sido la explotación del reclamo de l'Angliru y del ciclismo para el desarrollo del turismo y las actividades vinculadas a la montaña y al cicloturismo. Necesita Riosa de otras iniciativas semejantes ya que ha quedado al margen del sistema principal de comunicaciones y ello tiene hoy repercusiones negativas al constituir un fondo de saco, de difícil comunicación con el resto de las comarcas mineras, a causa de las deficientes características de la carretera de Lena y el retraso de la conexión con Mieres.

A pesar de su proximidad a la capital regional, no se ha aprovechado apenas el potencial metropolitano. Hay poco suelo disponible para nuevas actividades. El impresionante paisaje puede orientar el futuro, pero habrá que pensar qué hacer para ponerlo en valor, de la mano también de las instalaciones mineras históricas (Aramo, Rioseco, pozo Montsacro). Se debe reforzar la recuperación de tradiciones y la orientación del parque metropolitano del Aramo y vía Pará.

La minería aún lo es casi todo. La ganadería aguanta, pero cada vez con menos población vinculada. Los servicios crecen de la mano de las nuevas actividades, pero lentamente. Las comunicaciones y la localización no ayudan. El futuro de Riosa está en su incorporación a los flujos metropolitanos. En sacar partido a su increíble paisaje, de la mano de nuevas actividades e interpretaciones: el ejemplo l'Angliru. Una marca territorial, pero también una carretera, una cima, una idea,... capaz de poner en valor un capital intangible. En el apoyo a la iniciativa local y a la atracción de población metropolitana.


En más programas de desarrollo rural, con sus vecinos de la Montaña Central. En la ganadería de alta calidad y en la elaboración de productos derivados. En las marcas de calidad territorial y el desarrollo del espacio protegido del Aramo, su principal activo, con Quirós y Morcín.

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